Epifanía
del Señor (Id=57)
Miren que llega el Señor del universo; en sus manos está el
reino, la potestad y el imperio.
Ecce advénit Dominátor
Dóminus et regnum in manu eius et potéstas et impérium.
Oración Colecta
Oremos:
Señor, Dios nuestro, que por medio de una estrella diste a conocer en este día
a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos
por la fe llegar a contemplar un día, cara a cara, la hermosura de tu inmensa
gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
La gloria del Señor amanece sobre ti
Lectura del libro del profeta Isaías
60, 1-6
¡Levántate y resplandece, Jerusalén, que llega tu luz; la
gloria del Señor amanece sobre ti! Es verdad que la tierra está cubierta de
tinieblas y los pueblos de oscuridad, pero sobre ti amanece el Señor y se
manifiesta su gloria. A tu luz caminarán los pueblos, y los reyes al resplandor
de tu aurora.
Levanta los ojos y mira a tu alrededor: todos se reúnen y vienen a ti; tus
hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos. Al ver esto te pondrás
radiante, palpitará y se emocionará tu corazón, porque derramarán sobre ti los
tesoros del mar y te traerán las riquezas de los pueblos. Te inundará una
multitud de camellos y dromedarios de Madián y de Efá. Vienen todos de Sabá,
trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 71, 2.7-8.10-11.12-13
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
Dios mío, da tu juicio al rey, tu justicia al heredero del
trono, para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus humildes con equidad.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
Que florezca en sus días la justicia y haya gran prosperidad
mientras alumbre la luna; que domine de mar a mar, desde el Eufrates
hasta los extremos de la tierra.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
Que los reyes de Tarsis y de los
pueblos lejanos le traigan regalos, y que le paguen tributos los monarcas de
Arabia y de Sabá; que se postren ante él todos los
reyes, y lo sirvan todas las naciones.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
Porque él librara al necesitado que suplica, al humilde que
no tiene defensor; tendrá compasión del necesitado y del abandonado, y salvará
la vida de los necesitados.
Que te adoren, Señor, todos los pueblos.
Adorábunt te, Dómine, omnes gentes terrae.
También los paganos participan de la misma herencia que
nosotros
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
3, 2-3a. 5-6
Hermanos: Han oído hablar de la distribución de la gracia de
Dios que se me ha confiado en favor de ustedes.
Por revelación se me dio a conocer este misterio, que no fue manifestado a los
hombres de otras generaciones y que ahora ha sido revelado por medio del
Espíritu a sus santos apóstoles y profetas: un plan que consiste en que todos
los pueblos comparten la misma herencia, son miembros del mismo cuerpo y
participan de la misma promesa en Jesucristo, por medio del Evangelio.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Hemos visto su estrella en el Oriente, y
venimos a adorarlo.
Vídimus stellam eius
in oriénte, et vénimus adoráre Dóminum.
Aleluya.
Venimos de Oriente para adorar al Rey
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo
2, 1-12
Gloria a ti, Señor.
Jesús nació en Belén de Judá en tiempo del rey Herodes. Por
entonces, Magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando:
"¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer?
Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo".
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él;
entonces convocó
a los sumos sacerdotes y a los escribas y les preguntó dónde tenía que nacer el
Mesías. Ellos le contestaron:
"En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén,
tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres
de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será
Entonces, Herodes llamó en secreto a los Magos para que le precisaran el tiempo
en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén con este encargo:
"Vayan y averigüen cuidadosamente sobre ese niño; y, cuando lo encuentren,
avísenme para ir yo también a adorarlo".
Después de oír al rey, los Magos se pusieron en camino, y la estrella que
habían visto en oriente los guió hasta que llegó y se detuvo encima de donde
estaba el niño. Al ver la estrella,
se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con su
madre María y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron como
regalo oro, incienso y mirra.
Y advertidos en sueños de que no volvieran donde estaba Herodes, regresaron a
su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración de los Fieles
Celebrante:
Presentemos, hermanos y hermanas, nuestras oraciones al Señor, en este día
santo en que Dios ha manifestado su poder a las naciones, la salvación a los
pueblos y a nosotros la luz radiante de su gloria:
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).
Por
Escúchanos, Señor
Por las Iglesias que acaban de nacer en los diversos
pueblos: para que su juventud y vigor sean levadura de vida para todas las
comunidades cristianas, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor
Por los pueblos que aún no han sido iluminados por el
Evangelio y por aquellos que, habiendo conocido a Cristo, han abandonado el
camino de la verdad: para que confiesen a Cristo como Señor y le adoren como a
Dios verdadero, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor
Por nosotros, que hemos sido llamados de las tinieblas a la
luz admirable de Cristo: para que nos afiancemos en la fe verdadera y sigamos
con fidelidad las enseñanzas del Evangelio, roguemos al Señor.
Escúchanos, Señor
Celebrante:
Escucha nuestras oraciones, Dios todopoderoso y eterno, y haz que los que hemos
conocido y adorado a tu Hijo, Rey y Señor de todos los pueblos, vivamos siempre
como hijos de la luz y nos esforcemos para iluminar con la luz de Cristo a
todos los pueblos y naciones.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Señor,
mira con bondad los dones de tu Iglesia que no consisten ya en oro, incienso y
mirra, sino en tu mismo Hijo, Jesucristo, que bajo las apariencias de pan y de
vino, va a ofrecerse en sacrificio y a dársenos en alimento, y que vive y reina
por los siglos de los siglos.
Prefacio
Cristo, luz de las naciones
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias
siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque hoy has revelado en Cristo, para luz de los pueblos, el misterio de
nuestra salvación; pues al manifestarse Cristo en nuestra carne mortal, nos
hiciste partícipes de la gloria de su inmortalidad.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin
cesar el himno de tu gloria.
[Misa]
Hemos visto la estrella del Señor y venimos con regalos a
adorarlo.
Vídimus stellam eius
in Oriénte, et vénimus cum munéribus adoráre Dóminum.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que tu luz, Señor, nos guíe y nos acompañe siempre; para que comprendamos cada
día más este sacramento en el que hemos participado y podamos recibirlo con
mayor amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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